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¿Ta ha visitado el ridículo?

¡Hola amiga! Te hago una pregunta, ¿te ha visitado alguna vez “el ridículo”? ¿Has sentido en alguna ocasión que todos se burlan de ti y que literalmente estás haciendo “el ridículo”? Bueno a mí sí me ha visitado este personaje….

El ridículo definitivamente tiene una voz: este puede hablar a través de otros o puede bombardearte a ti desde tus propios pensamientos.

Este dice: “Tú eres débil, insignificante y sin importancia.”

Y pregunta: “¿Quién te crees que eres, tratando de reconstruir algo para Dios?” “¿Crees que tú puedas avivar algo?”

Sabes, lucho con esa voz todos los días…

El ridículo viene a robarnos el cumplimiento de nuestro propósito en Dios. Al enfrentar el ridículo personalmente algunas veces me veo tentada a ceder a esa voz y dejar a un lado mis herramientas. Otras veces quiero enojarme y ponerme a la defensiva. De cualquiera de estas formas me hubiera eliminado del programa de construcción de Dios.

Pero he aprendido a responder al ridículo de la misma forma que lo hicieron unos israelitas hace mucho tiempo. En Nehemías 4:14, unos israelitas eligieron hacer 3 cosas; eligieron no temer, recordar al Señor, grande e impotente y luchar por lo que era correcto. Así se mantuvieron en el plan de construcción de Dios y lograron terminar su encomienda de reconstruir unos muros.

Sabes; el temor paraliza la fe y reprime la capacidad de reconstruir.

Debemos elegir meditar en el gran poder de salvación del Señor y no en las voces desalentadoras del ridículo. Cuando llega el ridículo, he aprendido a practicar el principio de Romanos 12:21… “No seas vencida de lo malo, sino vence con el bien el mal”.

¡En lugar de darnos por vencidas o decepcionarnos, luchemos! Esforcémonos más por el bien; prediquemos con gran convicción; oremos más alto y fuerte; y hagamos lo correcto con mucha más fuerza. Dios nos ha dejado en su gracia reconstruir los muros.

¡Mujer de Dios, tú tienes un propósito como reconstructora de muros! Rechaza el ridículo. ¡No temas, recuerda a tu Dios grande y poderoso; y lucha!

Dios te bendiga.

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